Womanaisa, güomanaisa~

*Busca algo con que actualizar*





-Oye tío, ¿has visto mi sombrero?







-Creia que los mimos no hablaban.








-No lo hacen. Con la mente te hago creer que estoy utilizando gestos.





-¡Guau!



¡TACHAN! XDDDDDDDDDD. Y aquí el primer comic dinámico. Si me apuras, pronto podré inventarme diálogos originales XD. Y bueno, siento tener que hacer otra entrada "random", pero ni he ido a ver pelis, ni tengo nada que criticar, ni puedo repetirme con las historias, ni he leido libros ni nah de nah. Pero por ser domingo, voy a hacer una super guay...

¡REFLEXIÓN TONTA!

Si, así es. Vamos con la reflexión que nos ocupa esta semana. Se me ocurren varias, así que pondré algunas XD.

¿Si todos fuesemos buenos en todas las cosas artísticas (música, pintura, interpretación, etc) existirían los artistas?

Tesis de Adri: Ya me imagino yo por la calle... "¡Yo canto como Britney! Womanaisa, womanaisa..." "¡Pues yo también! Güomanaisa, güomanaisa"... Una locura XD. Y el mundo del espectáculo sería un disparate, porque todos son buenos y todos se pueden contratar para una peli, ¿pero quién va a contratar a nadie pudiéndolo hacer él? Y luego habrían discográficas como tiendas de panes y no habría ventas porque a todo el mundo le gusta su propia música y solo se compraría a si mismo... ¡y las obras de arte no tendrían ningún valor, porque todos podrían igualar a la Mona Lisa si hace falta!

¿Si existieran los extraterrestres hablarían un idioma parecido al chino?

Tesis de Adri: Vamos a ver, si los aliens existen y, por qué no, se parecen a nosotros ¿por qué no van a tener un lenguaje? Pero claro, ese lenguaje... ¿a qué idioma de los nuestros se va a parecer? Porque claro, si hablan por la boca y articulan palabras tendrán un conjunto de palabras que formen frases, digo yo. Entonces tienen que tener un idioma por cojones, vamos. Yo creo que ese idioma se parece al chino, más que nada porque cuando alguien nos dice algo que no entendemos, la respuesta lógica y normal es... "¿Me estás hablando en chino?". Obviamente XD.

Si en la luna hay agua, ¿por qué no se le desrrama?

Tesis de Adri: VAMOS, DIGO YO, QUE EN LA LUNA NO HAY NADA QUE PEGUE AL AGUA A LA TIERRA, ES DECIR, A LA SUPERFICIE LUNAR DDDDDDDD: . Pero si te paras a pensarlo, ¿qué pega los mares a la Tierra? ¿El superglue? ¿La gotita? Creo que es la atracción al centro de la tierra o puede que algo de la atmósfera, pero no voy a decir nada porque si no me salen paridas y quedo en ridículo XD. El caso es que si la luna esta dando vueltas y tiene agua, y si no hay atracción, se le tiene que desrramar por cojones. O... ¡EL AGUA DE LA LUNA ES LA LLUVIA! JUAJUAJUA, soy todo un científico XDDDDDDDD.

En fin, os dejo con estas reflexiones que salen así al tuntun de mi cabeza y yo los domingos que hay que echar lo que queda de la semana, me libero mucho XD. Ah, si, comentar que hoy estuve buscando por ahi bloggeros que sé que me van a caer bien (compatibilidades de intereses) y me he puesto a seguir a algunos (kukuku). Si llegáis a entrar, comentad, que yo no muerdo XD. Y si esto de comentar mutuamente se estabiliza, hay un huequito para vosotros en "blogs amijetes" :D.

¡Saludetes!

PD: Mañana es lunes TOT

D:


¡NO ES FEA!


Vale que en alguna foto salga desfavorecida, pero Stephanie no es fea, cojones XD. El BitchesAloud (blog) y en complementación con su canal de YouTube B7tchesAlaud (que original >O> XDD) se empeña en llamar a esta cantante fea. Y a mi no me lo parece, que quieres que te diga xD.
Solo discordio con Bitches en eso, cada vez me veo mas unido al mundo de las JZorras. No es que me atraiga demasiado (no soy blaponés D:) pero la verdad es que videos como el del Spangrish y otras paridas varias de su blog son muy divertidas, bastante bien para pasar el rato. Pero que insulte a Stephanie con estas palabras...
"Mujer conocida por la mayoría como la mujer inmunda y fea que es, (y conocida por la minoría como cantante D: xD). ¿Qué se puede decir de Stephanie que no se haya dicho ya?. Que es fea es algo que hasta ella lo sabe xD. Aunque sus inicios son confusos, probablemente sea el resultado de un cruel y loco experimento de fusionar un babuíno, un camello y un tiburón martillo. Cuando no está grabando PVs cantando sobre lo kawaii que es hacerse una lobotomía, se encuentra recluída en su laboratorio dentro del huevo en el que nació esperando algún día despertarse y ser guapa como una almeja. Condenada socialmente por su fealdad, Stephanie sigue adelante con su vida paseándose como si la gente no pudiera ver su repugnante cara de feto experimentado D: xD"
Maldito sea XD. Seguro que, tu, Bitches, eres muy guapo >O>. Amorfo eres, amorfo xD.
En fin, dejando el video del Spangrish para no tener que ir a buscarlo al tutube y verlo cuando me apetezca xD.




Y nada, seguiré buscando entradas random para rellenar entre capitulillo y capitulillo de Fabio, que si no se ven muy seguidos xD.
PD: Dejo encuesta abajito para que opines sobre el grado de belleza de Stephanie TOT. Hazme el favor y vota, anda xD.

Fabio's Chronicles 3

Ejem xD.



Aquí dejo otro capi por petición popular. A partir de ahora los sacaré como mínimo en una semana, y como máximo, en tres (que límite tan ajustado XD). Eso si, os pido por favor que dejéis ahi una caquita coment para animarme a seguir y mejorar, como siempre digo. Si no, esas tres semanas de maximo ya pueden convertirse en 20 xD.



¡Disfrutad el capi! (me encanta la imagen de mis niñitos *¬*)



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Fabio's Chronicles 3: La curandera de la capital.


-¿Y cómo manejáis la espada tan bien? A mi me enseñaba mi padre para aprender a defenderme...-dijo Andrew, observando su vieja espada con cara de pena-.
-A mi también me enseñaron-comentó Fabio-. Es fácil si practicas con empeño y durante mucho tiempo. Seguro que mejorarás, comprobé tu potencial.
Andrew asintió con entusiasmo. Iban camino al caballo “prestado” de Fabio, éste esperaba que no se hubiera escapado. Cora estaba subida a la espalda del asesino, agarrándose con seguridad a su cuello, y el hermano mayor caminaba junto a Fabio, con la mano en la empuñadura de la espada mientras hablaban. Habían cerrado la granja y en una pequeña mochila de piel llevaban algo de comida y unas cuantas mudas de ropa, las suficientes, según opinó el joven asesino, para cambiarse hasta llegar a la capital. Tras la media hora de camino correspondieron, accedieron al abandonado campamento nocturno de Fabio. El caballo seguía atado, en aquel árbol y con aspecto cabreado por seguir retenido allí, por lo que el chico lo acercó a un arroyo para que bebiera un poco tras liberarlo. Luego, subió a la pequeña Cora y la colocó frente a él mientras cogía las riendas, y Andrew se agarraba por la cintura a la espalda de Fabio. Dispuestos, marcharon hacia la capital.
-¿Y crees que podría ser tan bueno como tú?-preguntó el chico mientras seguían avanzando a lomos del caballo-.
-Sólo espero... que no utilices armas para lo mismo que yo. Tu padre era noble, enseñarte a defenderte es lo mejor que pudo hacer. Enseñar a matar con armas es el peor uso que se le puede dar.
Andrew volvió a asentir sintiendo que un escalofrío le recorría la espalda. Había visto a aquel chico matar delante de sus propios ojos, pero se había decidido a dejar que los ayudara por el convencimiento de su hermana enferma. Es más, él confiaba en ese chico (no le había matado cuando tuvo oportunidad, aun con la intención de Andrew de hacerle daño por el robo del cerdo), pero había algo en su presencia que no le reconfortaba. Quizá la extraña sensación de frío que se sentía cuando él estaba presente, ver como no expresaba ninguna emoción y que aun así hubiera decidido ayudar a dos niños. Su comportamiento era cuestionable, pero noble en algún sentido, sin duda. Aun así, él había afirmado que no era una buena persona, posiblemente tuviera que seguir matando, clasificándose a sí mismo como asesino fugitivo, y las razones eran ajenas a Andrew y Cora. Era motivo de desconfianza, pero aun así... Sin duda, Fabio era un chico misterioso.
-¿Cuánto tardaremos en llegar?-preguntó Cora, alzando la cabeza para mirar el rostro de Fabio-.
-Estaremos allí al anochecer de mañana, si este animal no se cansa demasiado.
-Deberías ponerle un nombre-dijo Cora, intentando sonreír para contagiar a Fabio, pero él no sonrió delante de ella, como era habitual-.
-Ponedle el que queráis-dijo Fabio distraidamente, apartando la mirada de la vista de la niña mientras espoleaba al caballo-.
-Vida-dijo solamente ella, volviendo la vista al frente-.
-¿Vida?-preguntó el asesino con extrañeza-.
-Si. Es algo bonito, ¿verdad? La vida.
Fabio calló y fijó la vista al frente. Aquella niña parecía querer ponerle a prueba o algo parecido, pero las intenciones de la pequeña no podían ser tan aviesas. Era una niña extraña, eso sí. Alguien especial, quizá más que su humilde hermano.
-¡Vamos, Vida!-dijo entonces Andrew-¡Llévanos rápido a la capital!
Fabio retiró la capucha de su cabeza para poder ver mejor a lo lejos y siguió espoleando a Vida. Pensándolo bien, aquel caballo ya debía tener nombre. Ponerle uno nuevo no estaba mal, pero al final aquel pobre caballo debía vagar para encontrar su hogar, pues Fabio no pensaba devolverlo a ningún lugar. Las ganas del asesino de ver a aquella joven dama de nuevo eran pocas, realmente. Y el joven tenía más cosas que hacer, entre ellas llegar a la capital cuanto antes y hacer un trabajo que tenía mucho tiempo pendiente, y que debía llevarlo hacia el castillo de la capital.

~~

-¡Mira, Cora!-exclamó Andrew, emocionado-¡Ahí esta la capital!
Cora asintió con alegría y miró a Fabio, que seguía sin mostrar expresión alguna, para su decepción, quizá un atisbo de odio que podía reflejarse en su frío rostro. La capital, por su parte, era una construcción majestuosa formada por una gran muralla de piedra que rodeaba un cúmulo de altas edificaciones de piedra, lo más lejos que se podía ver era un gran castillo gris e imponente, alzado sobre una elevación del terreno aun por dentro de la muralla, aumentando así su carácter defensivo. Alrededor, casas de campesinos y vastas huertas que se extendían por el terreno, casi hasta llegar a su posición en la lejanía.
-Bajaremos de Vida aquí-dijo él-.
-¿Por qué?-preguntó Andrew con interés y un deje de pena-.
-No hay necesidad alguna de llegar a la ciudad entrando en caballo, llamaríamos demasiado la atención. Entraremos por una entrada lateral.
Fabio desmontó del caballo y le indicó a Cora que se subiera a su espalda, mientras ayudaba a Andrew a bajar. El asesino se empezaba a sentir un poco niñera, pero al fin y al cabo en poco tiempo podría dejarlos a salvo. El día anterior había transcurrido con los hermanos charlando y Fabio escuchando sin decir nada, finalmente al anochecer habían acampado y comido sus reservas, y al día siguiente, con su nuevo cambio de ropa, habían continuado avanzando hasta el mediodía, que por fin habían divisado la capital de las tierras. Finalmente, Fabio dejó marchar al caballo, que fue camino atrás con paso rápido, aliviado de ser libre por fin.
-Adiós, Vida-dijeron los dos hermanos al unísono
-Curiosa frase la vuestra-se limitó a comentar Fabio mientras retomaba el camino a pie, con Andrew caminando a su lado y Cora a su espalda.
El camino era relativamente largo, pero pudieron atajar con facilidad. Pasaron entre campesinos que trabajaban y apenas se fijaban en ellos, excepto alguno que advertía el tipo de ropa de Fabio. Éste maldijo por lo bajo y volvió a ceñirse la condenada capucha tan característica de los guardias del lugar. Tenía que buscarse otra ropa dentro de la capital. Pronto estuvieron a pocos metros de la entrada principal, pero rodearon la muralla exterior en busca de la entrada Este. Entre el terreno abierto y la muralla de la ciudad había un pequeño foso, por lo que tuvieron que pasar por un pequeño puente levadizo de madera para poder entrar en la ciudad. Fabio suspiró aliviado, no habían guardias cuidando la entrada. Pero había sido demasiado ingenuo, estaban un poco más adelante, al lado de el acceso al mercado de la ciudadela. El asesino fue con Cora a la espalda y se escabulló sigilosamente en el sentido contrario, pero los dos guardias levantaron al vista y se fijaron en él.
-¡Eh!-gritó uno de ellos, con motivo de que se detuvieran-.
-¡Corre, Andrew!-dijo entonces Fabio, preparado para salir disparado con Cora a cuestas-. Huye y ponte a salvo, luego pregunta por una curandera de nombre Asaya. ¡Rápido!
Andrew asintió nervioso y se escapó por otro desvío, que se dirigía al centro de la ciudadela. Uno de los guardias fue tras él, pero Andrew resultó ser lo suficientemente rápido para escabullirse. El otro corrió rápidamente blandiendo su espada hacia Fabio y Cora, pero el asesino se agachó y le propinó una patada ágil en el estómago, haciendo que retrocediera y tener tiempo para escapar. Trepó hacia el tejado de una casa asegurando a Cora a su espalda, y saltó de techo en techo huyendo del guardia lo más lejos posible. Cora temblaba atemorizada.
-¿Qué pasará con mi hermano, Fabio?-preguntó-.
-Si hace lo que le he dicho, mal no le va a ir-respondió-. No te preocupes, Asaya sabrá que hacer para protegerle.
-¿Quién es esa Asaya?-preguntó Cora
-Es una curandera de la ciudad-respondió Fabio, simplemente-.
Cora asintió preocupada por su hermano y se aferró al cuello de el asesino lo más fuerte que pudo, mientras él demostraba una agilidad impresionante para pasar de un tejado a otro, incluso con varios metros separando y con el peso extra de la niña. Finalmente se dejó caer en una calle bulliciosa: el mercado de la ciudadela. Pudieron pasar más desapercibidos por allí, caminando sigilosamente entre mercaderes y habitantes, pero al contrario que Andrew, Fabio sabía a donde tenía que ir.

~~

-¡Espera ahí, muchacho!-gritó el guardia, que perseguía jadeando a su pequeño intruso-¡Solo quiero saber quién eres y con quién habéis venido!
Andrew estaba corriendo sin rumbo, también jadeando tras el camino recorrido, pero se detuvo ingenuamente al oír las palabras del guardia. Seguidamente, se arrepintió de haberlo hecho.
-¡Ajá! Te pillé-dijo el guardia mientras lo agarraba por el hombro, impidiéndole escapar-.
-¡Suélteme!
-No, pequeño-negó el guardia, girándolo hacia él para mirarle a la cara-. Ahora me vas a decir todo lo que sabes, y quién era ese con el que habéis llegado.
Andrew se quedó pensativo, mirando fijamente al guardia. De pronto, se le ocurrió algo con lo que salvarse el cuello.
-Era un guardia, como vos-respondió el muchacho-. Nuestra casa se incendió y fue a traernos a salvo a la capital.
-¿Pretendas que me crea eso?-dijo el guardia-. Si que llevaba nuestros ropajes, pero entonces, ¿por qué huyó de nosotros, sus compañeros? ¡Responde!
-Tenía prisa por encontrar... eso-dijo Andrew señalando a detrás del guardia, concretamente a una caja de madera-.
-El qu... ¡eh!
Tras el ridículo despiste del guardia, Andrew logró zafarse y meterse rápidamente por una oscura calle secundaria, que le dio acceso a la plaza del mercado. Se vio perdido ante tal cúmulo de gente, acostumbrado a el grupo reducido de los pueblerinos. Suspiró y se acercó a un mercader para preguntarle por la tal Asaya.
-Caballero, perdone-dijo Andrew alzando la mano para llamar su atención-¿Me podría decir donde se aloja Asaya la curandera?
-¿Asaya?-preguntó él, con cierta cara de desconcierto-. Os puedo decir donde vive, pero no os atenderá.
-¿Por qué razón?-preguntó el chico con desconcierto-.
-Hace tiempo que no atiende a nadie, no me preguntes por qué. Pero vive en el primer desvío al frente que veas por esta calle, luego recto y al final de una callejuela oscura. Reconocerás la casa porque tiene un pequeño árbol seco en frente.
-Muchas gracias.
Andrew se despidió del amable mercader y tomó el desvío que le dijo, avanzando luego recto por él. Al final, con aspecto oscuro y abandonado, una fachada triste con el mencionado árbol seco y sin hojas plantado enfrente. Andrew avanzó lentamente y rozó con la punta de los dedos aquel árbol tan peculiar, y seguidamente se giró y tocó dos veces la puerta con los nudillos. Le abrió una chica joven, con ojeras y una expresión de cierto enfado en su rostro, que en cierto modo desentonaba un poco en sus facciones. Tenía el pelo castaño, muy largo y semi rizado, ondulado por las puntas, que le caía sobre los hombros hasta su pecho. Curiosamente, las puntas terminaban en un color negro, a pesar de ser castaña. También llevaba un traje oscuro algo extraño, muy suelto y de una tela que desprendía una luz especial ante la incidencia de los rayos solares.
-¿Qué quieres?-preguntó ella con rudeza-.
-¿Sois Asaya?-preguntó Andrew-.
-Si, pero ya no atiendo a nadie. Así que vete-dijo ella, dispuesta a cerrar la puerta-.
-Pero... ¡alguien me dijo que viniera aquí, con vos! ¡No podéis dejarme!-contestó Andrew con desesperación-.
-¿Quién os envía?-preguntó ella, a pocos centímetros de terminar de cerrar la puerta-.
-Un chico llamado Fabio, mi señora-dijo Andrew, haciendo gala de modales para que no le dejara desamparado-.
-¿Fabio?-dijo ella, abriendo la puerta y abriendo los ojos, sorprendida-. Deja de bromear, chico.
-Os lo digo en serio-dijo Andrew-. Mi hermana está enferma y nos trajo a la ciudad a ella y a mi, con motivo de que alguien nos pudiera cuidar.
-Entonces no hablamos de la misma persona-dijo Asaya, haciendo amago de querer volver a cerrar la puerta-. Pero... ¿Cómo es?
-Es...-pensó Andrew, visualizando al asesino-un chico bastante joven. Tiene el pelo corto y moreno, al igual que sus ojos, que cuando los miras te viene una sensación de frío inexplicable, y...
Asaya solo extendió la mano hacia delante como indicándole que parara, mientras miraba el cielo con tristeza. Después, le indicó que pasara dentro. Andrew obedeció. El interior era tan oscuro como lo indicaba su fachada, la estancia estaba iluminada solo por un par de velas que se encontraban encima de algunas repisas. La casa tenía pocos muebles, y al final de un pasillo se veía una puerta con algo de luz que se filtraba por sus rendijas. La chica caminó por el pasillo y salió, fuera había un patio con un pequeño banco y una fuente, verde césped y un árbol, al contrario que el de la entrada, lleno de hojas y vida. Al final había una puerta de madera en forma arqueada, el chico supuso que daba a la calle contraria. La casa era extraña, como si el lado más oscuro y muerto estuviera por un lado y el lleno de vida por el otro. Asaya le indicó a Andrew que se sentara a su lado en el banco, y eso hizo.
-Dices que él te ha enviado aquí...-dijo ella, pensativa mientras seguía mirando al cielo-. ¿Habéis tenido problemas para llegar?
-Así es. Estoy preocupado por mi hermana, porque...
Asaya le tomó de la mano y le sonrió, haciendo que su rostro se viera tan joven como lo era en realidad. Debía ser de la edad de Fabio, aproximadamente.
-Descuida, pequeño.
Andrew no entendió por qué intentaba tranquilizarle, pero cayó en la cuenta cuando se oyeron tres golpes en la puerta trasera. Asaya se levantó con un movimiento elegante, y abrió haciendo bastante fuerza la puerta de madera por el pomo, que parecía no haber sido usado hace mucho tiempo. Andrew se situó junto a ella, y observó con alivio como Fabio, que en ese momento se retiraba su capucha de la cabeza, traía a su hermana sana y salva. El asesino se la descargó de los hombros, y dejó que fuera a abrazarse con su hermano. Los miró por un momento, con expresión relajada, y luego clavó la vista en los ojos de la joven Asaya. Por primera vez, y bajo la atenta mirada de los hermanos, Fabio expresaba alguna emoción en su frío rostro, una mezcla entre asombro, felicidad y añoranza, que como Andrew había notado en Asaya, le hacía parecer más joven y normal que nunca. Ambos jóvenes se miraron por un largo rato, pero entonces Fabio se giró recuperando su expresión original y se dispuso a volver por donde había llegado. A Asaya se le llenaron los ojos de lágrimas, y fue a agarrarle de la capa por la parte del brazo.
-Fabio, no... sabes que no es necesario. Está bien así, lo está desde hace mucho tiempo.
-No, Asaya. Es necesario y lo haré, y entonces todo estará bien. Cuida de ellos.
La joven intentó volver a detenerle, pero él se zafó ágilmente y desapareció trepando por un edificio y moviéndose rápidamente por las azoteas. Debía llegar al castillo cuanto antes, y todo estaría un paso más cerca de terminar por fin. A la joven Asaya se le escaparon dos lágrimas, una por cada ojo, que resbalaron mejillas abajo. Andrew se acercó, preocupado.
-¿Estáis bien?-preguntó-.
-Si... no te preocupes-respondió ella-.
-... ¿volverá?-preguntó él, mirando con tristeza el lugar por el que Fabio se había marchado-.
-Eso es lo que quiero pensar cada vez que se va.
Andrew asintió con preocupación y luego volvió con su hermana, Asaya le siguió y cerró la puerta desde dentro, pasando la mano lentamente por su superficie de madera como si de una caricia se tratase. Aquella puerta significaba mucho para ella, y consideraba que por ella solo podían pasar las personas verdaderamente importantes en su vida. Ahora acababan de pasar aquellos dos niños a los que tenía que cuidar, y lo haría, porque no era su estilo abandonar a nadie, y en el fondo porque era una especie de petición de Fabio, y ella no podía ignorar tal cosa.
-Y bien...-dijo ella, sentándose en el banco e intentando componer una sonrisa-¿Cómo os llamáis?
-Yo soy Andrew-dijo el chico, con mirada alegre-.
-Yo Cora-respondió la niña, sonriendo a su nueva cuidadora también-.
Asaya también les sonrió, pero notó en la pequeña algo extraño.
-Dime Cora, ¿te encuentras del todo bien?
-La verdad... es que está enferma-respondió Andrew por ella-. Mis padres murieron enfermos también...
La niña se agarró al brazo de su hermano con tristeza. Asaya le acarició la cabeza.
-No te preocupes, no hay nada que mis remedios no puedan curar. Te pondrás mejor.
Cora levantó la cabeza, de nuevo feliz por tener un nuevo hogar y esperanzas de curarse. Miró a su hermano, que también brillaba de felicidad. El futuro de aquellas tres personas se antojaba muy bueno, pero el de Fabio, irremediablemente hilado al de ellos, no era tan esperanzador.

Fabio's Chronicles 2

Halou xD.

Aqui sigue Fabio, corriendo como un condenado. El título del capi puede parecer extraño, pero nada más lejos cuando leáis xD. Oye, y si comentáis mejor que mejor, que si no paso de poner nada (chantaje ;D).

Ah, y la rubia XDD. Que a Sato se le escapó en un coment, pero aqui está, al completo xD.

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Fabio's Chronicles 2: El cerdo de los hermanos

Fabio se sentía libre, ahora que por fin lo era. Se deslizaba rápida y sigilosamente entre la maleza, colgándose de unas ramas para ir a otras y superando rocas y obstáculos con mayor agilidad que un felino. Al cabo de unas horas descansó en un lugar idóneo: se había encontrado con un gran lago que cubría mucha de la superficie del terreno. Miró a los alrededores, era imposible que alguien pudiera verlo en ese momento, así que se desnudó y se metió sin pensarlo en las heladas aguas. Acostumbrado a resistir el duro frío del norte en aquella celda, con solo un trapo por encima, las temperaturas bajas no eran un problema, se había acostumbrado. Disfrutó del baño nadando a brazada por todo él, entrando en calor e intentando empezar a recuperar su forma física anterior, hasta que salió y se vistió de nuevo, totalmente despejado. Decidió quedarse un rato más en los alrededores, practicó con su nueva espada varios movimientos contra el tronco de un árbol y no se dio por satisfecho hasta que le hizo una buena “herida” en su tronco. No le gustaban las espadas, o mejor dicho, no le gustaba cogerlas con la mano. Anteriormente utilizaba pequeñas dagas o cuchillos que se fijaba a las muñecas y con las que podía luchar sin necesidad de empuñar el mango de un arma tan larga como lo era una espada. Es por eso que era muy ágil con los brazos, pero bastante torpe a la hora de mover una espada entera, controlar su peso y definir su posición. Los cuchillos eran más fáciles, se movían como una ampliación de él y podía controlarlos a su antojo.
Finalmente retomó el camino, dirección sur. Su destino era la capital de aquel lugar, intentar pasar desapercibido y arreglar sus “asuntos”. Sus compañeros se habían quedado en la cárcel, él no se arrepentía de haberlos dejado allí. Todos tenían que valerse por si mismos, era una especie de acuerdo que habían pactado hace mucho tiempo, el último en hacerlo: Marcos. Entre ellos se formaban y entrenaban, pero debían trabajar por separado. En eso consiste ser un asesino: en trabajar sólo, con sigilo y cumplir lo que te encomiendan, generalmente, asesinando a alguien. Es por eso que Fabio no se consideraba “una buena persona”, ya que había matado a sangre fría a muchas personas en su vida, había sido entrenado para ello. Había aprendido a crear una máscara fría tras la que que ocultaba sus verdaderas intenciones, pensamientos y emociones.
Empezó a subir una pequeña montaña llena de árboles, hasta que cuando llegó a la cima divisó a lo lejos unas pequeñas construcciones de madera apiñadas en el centro, dispersándose por los lados, separadas por huertas y campesinos trabajando en ellas. Un pueblo. Eso significaba que no podía estar lejos de la capital, así que se apresuró a bajar por la montaña con su rapidez innata, hasta que por fin el terreno se allanó y pudo avanzar con tranquilidad. Se coló discretamente entre el primer cúmulo de casas, por la calle principal. Mujeres y niños se quedaban mirando su vestimenta por un momento y luego volvían a sus quehaceres, Fabio supuso que pensaban que era uno de los soldados del castillo de aquellas tierras. Una muchacha rubia y con aspecto activo se atrevió a acercársele.
-Bienvenido a nuestro pueblo, caballero-le dijo, mientras avanzaba al paso del asesino-. ¿Hay nuevas noticias de la capital?
Fabio la miró un momento con extrañeza, al momento comprendió.
-Vengo del norte, me dirijo hacia la capital-dijo, algo incómodo-.
-¿Y no portáis montura?-preguntó la joven, con expresión sorprendida-.
-Escapó-mintió Fabio-.
-Oh, que terrible-dijo la muchacha-. Puedo prestarle una perteneciente a nuestra familia, si lo desea.
Fabio miró con curiosidad a la joven, tenía una mirada pícara y despierta y parecía querer interesar al asesino a toda costa, aparte de agradarle. Fabio pensó que quizá él le había gustado, y eso suponía un problema. Nadie debía reconocerle. Aun así, en caballo llegaría mucho más rápido a la capital, no podía rechazar una oferta como aquella.
-Se lo agradecería-dijo él, dejando escapar una sonrisa falsa para engatusarla-. Me sería muy útil.
La muchacha se quedó con la boca entreabierta un momento mirando su rostro, luego asintió rápida y enérgicamente mientras le indicaba a Fabio que la siguiera. Recorrieron la calle principal ante la mirada de todo curioso, así que Fabio decidió ceñirse la capucha para evitar exponer más su rostro ante los pueblerinos. Finalmente llegaron a casa de la joven, que detrás tenía una extensa huerta y caballerizas. Parecía una familia adinerada. Continuaron hacia la caballeriza, donde descansaban tres caballos fuertes y de color castaño. Ella decidió que podía llevarse el suyo, y se lo cedió rápidamente al supuesto guardia.
-Se lo haré devolver en cuanto llegue a la capital-mintió el asesino-. Le agradezco mucho su ayuda, volveremos a vernos.
Para evitar que la chica pudiera pronunciar otra palabra, él cogió su mano y se la besó con suavidad. Ella, embobada, dejó salir rápidamente al joven asesino con el caballo, que espoleó las riendas para avanzar a toda velocidad, en dirección a la punta opuesta del pueblo por la que había entrado. Pronto se alejó de allí, dejando atrás a todo aquel con dudas de que Fabio podía ser verdaderamente un guardia del castillo, y viniendo del norte cuando el día anterior había pasado una carreta hacia allá, y se suponía que debía volver la misma carreta y no una sola persona. Casi todos los pueblerinos sabían este dato, pero pocos se pararon a pensarlo tras la fugaz visita ante sus narices de uno de los mejores asesinos existentes, supuestamente encarcelado y sin posibilidades de volver a ver la luz del sol.
El mediodía dejó paso a la tarde y la tarde, a la noche. Fabio seguía cabalgando hasta que el caballo dio muestras de cansancio, así que se decidió a parar y pasar la noche al sereno. Amarró al caballo por las riendas en un árbol, tras dejarlo beber en un río cercano, y ambos se echaron a dormir a la luz de la luna que ya asomaba. Al cabo de unas horas, Fabio despertó. Su estómago rugía de hambre, aunque estaba acostumbrado a la miseria que le daban en la cárcel era algo para mantener su cuerpo con fuerzas para por lo menos poder alzar la cabeza. Ahora no tenía nada, pero al contrario que en la cárcel, podía encontrarse su propia comida y disfrutar de un verdadero manjar del que no había disfrutado en mucho tiempo, por ejemplo, carne. Se subió a un árbol con el menor ruido posible, apenas sin perturbar al caballo dormido, y trepó por sus ramas hasta la más alta que pudo llegar. Aun a lo lejos veía el pueblo que había dejado atrás horas antes, y por los alrededores varias viviendas aisladas. Buscó una cercana, quizá pudiera robar algo para comer aquella noche. Mirando hacia atrás encontró lo que buscaba: una granja. De todos los sitios en los que se podía encontrar carne, aquel era el más idóneo de todos. Sin dilación bajó del árbol de varios saltos a las ramas inferiores hasta aterrizar limpiamente en el suelo. Quitándose el gorro de la capucha, avanzó con su rapidez característica hacia la zona del paisaje donde había divisado el lugar. En poco menos de media hora estuvo allí, ante la verja que separaba la zona de pasto del exterior. La pasó colocando una mano y pasando sus pies por encima, saltando, y se aproximó al cerdo más cercano, que dormía plácidamente frente a un charco de barro. Por desgracia, sus días tranquilos iban a acabar.

~~

El último vestigio de la hoguera se difuminó dando lugar a un simple cerco negro de ceniza con rastros de madera quemada justo cuando amaneció. Fabio abrió los ojos lentamente y se incorporó, quedándose sentado y frotándose los ojos. Apenas le dio tiempo a reaccionar cuando el filo de un arma blanca que no pudo identificar le pasó rozando el hombro izquierdo, rasgando un poco de su túnica robada. Rodó ágilmente hacia la izquierda y se levantó desenfundando su espada y buscando a su agresor. Fabio pudo identificarlo a la tenue luz de la mañana: un chico de unos catorce años con ropa de campesino y una espada no demasiado afilada, pelo castaño y corto al igual que sus ojos. Sin decir nada, el chaval volvió a embestir con su espada al asesino, que lo esquivó apenas moviéndose un poco hacia un lado. El chico tenía expresión de frustración, incluso de odio, y le miraba con el ceño fruncido a Fabio mientras le embestía con su pobre espada una y otra vez. Fabio empezó a molestarse, y con una estocada fuerte le arrebató su espada de las manos, que cayó al suelo. El chico lo miró mientras el asesino se dignó a decir alguna palabra.
-No acostumbro a matar a niños como tú, pero podrías ser la primera excepción.
Fabio vislumbró apenas como los ojos del chico brillaban anegados de lágrimas, y desrramándolas finalmente sobre sus mejillas recuperó su espada del suelo y embistió una y otra vez, mientras el asesino seguía bloqueando con una sola mano. Al final tropezó de espaldas con una raíz de árbol, y la espada de Fabio se detuvo a peligrosa distancia de su cuello tendido en el suelo.
-No os daré mas oportunidades de hablar, niño. Que diablos quieres.
-Os vi anoche-dijo el chico, mientras se alejaba paulatinamente de la espada del asesino-. Matasteis a nuestro cerdo y os lo comisteis.
-¿Vives en esa granja?-preguntó Fabio-.
-Si. Y ese cerdo sería nuestra comida de toda la semana, señor. Nos la habéis arrebatado.
Fabio no dijo nada, notaba como un sentimiento de pena se apoderaba de él aunque hacía tiempo tenía una lucha interna con los sentimientos, no debía mostrarlos. Era de notar que el chaval y sus padres no serían demasiado adinerados, ya que en la granja tampoco habían muchos animales.
-Mis disculpas-dijo solamente el asesino-. Tenía que comer.
El chico lo miró con rabia, tentándose a si mismo a coger la espada de nuevo y a intentar hacerle daño inútilmente a aquel otro chico, poco mayor que él, pero con mirada que daba miedo. Optó por decirle algo más, para que al menos le pagara el cerdo que le había arrebatado injustamente.
-La granja es mía.
-¿Vuestra?-replicó Fabio-. Será de vuestros padres.
-Mis padres murieron enfermos hace un mes-dijo el chico mirando al suelo, mientras notaba que los ojos volvían a llenársele de lágrimas-. Ahora cuido de mi hermana menor y eso era lo único que teníamos para comer. Ella también está enferma.
El asesino retiró la espada lentamente, mientras oía el relato del chico. Le era familiar y muy nostálgico, pero volvió a descartar cualquier sentimiento para mostrarlo ante aquel joven. Envainó su espada y le tendió una mano para ayudarlo a levantar, sin saber muy bien que más hacer. El chico le miró dudoso, y finalmente agarró su mano y se levantó con rapidez, mientras imitaba al asesino cogiendo su espada y colgándosela del cinturón, mientras se secaba los ojos de lágrimas e intentaba componer una sonrisa para agradar a aquel extraño que quizá pudiera ayudarle a pesar de haberle robado el cerdo. Fabio por su parte no sonrió, apenas hizo algún movimiento.
-¿Señor?-preguntó el chico
-Llámame Fabio. Vamos a ver a tu hermana.
Ambos caminaron hacia la granja desde el pequeño campamento del asesino, dejando al caballo atado. Fabio no sabía muy bien que estaba haciendo, no estaba dentro de sus principios ayudar a nadie. Teóricamente debía estar solo, sin depender de nadie y haciendo su trabajo, mientras se buscaba la vida con lo que le pagaban. Nunca se había relacionado con nadie para algo más que sacarle información o intentar distraerlo mientras le robaba. Aún así le había robado a aquel chico que tenía aun menos que él, y estaba en una situación si cabía peor que la suya. Lo mejor era intentar hacer algo y luego marcharse de ahí cuanto antes. Por el camino el chico dijo llamarse Andrew, y siguió contando a Fabio lo que le había pasado en estas últimas semanas. Después de la muerte de sus padres había ido a pedir ayuda a la aldea, pero sus padres tenían muchas deudas de préstamos y muy pocos amigos, por eso vivían lejos y por ello no le prestaron ayuda al pobre Andrew ni siquiera por el motivo de su hermana enferma, Cora. Por ello Andrew había tenido que robar y traer la comida a su casa todos los días, pasando muchos esfuerzos. Su hermana parecía recuperarse poco a poco, pero si dejaba de comer probablemente empeoraría. Fabio escuchaba atentamente, de nuevo sin mediar palabra. Cuando el chico terminó, ya se acercaban al cercado de la granja.
-Llévame hasta ella-indicó Fabio-.
Andrew asintió y cruzaron la zona de pasto de la granja, esta vez por la puerta que abría el cercado. Seguidamente, Fabio observó, mientras avanzaban hacia la humilde casa, casi sin estremecerse un rincón del pasto, donde habían dos cruces de madera y tierra aparentemente removida. Se preguntó si el chico había cavado las tumbas él solo y había enterrado a sus propios padres allí mismo. Seguidamente recordó como él simplemente abandonaba los cadáveres de quien asesinaba, a veces tirándolos a un río y se iba del lugar del crimen, sin ningún remordimiento. Aquellos pensamientos empezaban a comerle por dentro, pero ahora debía centrarse en lo que le ocupaba y luego marcharse de allí.
-Por aquí-dijo Andrew-.
Entraron en la casa que tenía la puerta entreabierta. Apenas constaba de una pequeña cocina y unas escaleras de madera que se dirigían al piso superior. Ambos chicos subieron y Andrew se acercó a la cama de su hermana, arrodillándose para quedarse a su altura mientras ella estaba acostada y cogiéndola de la mano.
-Ya estoy aquí, Cora. ¿Cómo te encuentras?
-Muy bien, no te preocupes-dijo ella, aparentemente forzando una sonrisa-. ¿Has traído a alguien?
Él asintió y señaló hacia Fabio con la cabeza, su hermana se sentó en la cama con ayuda de Andrew, haciendo que las finas sábanas bajaran y dejaran ver su aspecto pálido, haciendo juego con el blanco de su camisón. Fabio inclinó la cabeza a modo de saludo, aun sin saber muy bien que hacer.
-¿Sois un guardia de la capital?-preguntó ella con desconcierto-.
Fabio dudó.
-No, la verdad es que no. Vagaba por estas tierras en dirección a la capital, en realidad.
-Ya veo-asintió ella-. Y robaste nuestro cerdo...
-No sabía que os fuera tan importante, mis disculpas de nuevo-interrumpió el asesino, sintiéndose más culpable tras saber que la pequeña también lo sabía-. Quiero ayudaros.
-¿Como pensáis ayudarnos?-dijo Andrew-Se lo agradeceríamos mucho, de verdad...
-Os llevaré a la capital-dijo Fabio tras pensar un momento-. Allí habrá gente que pueda cuidaros y alimentaros, y algún remedio para tu hermana.
-¿De verdad?-dijo Andrew mientras el asesino notaba que sus ojos brillaban de emoción-.
-De verdad. Estaré fuera esperando, preparad lo que os haga falta para el camino.
Fabio bajó las escaleras mientras oía el ruido de sábanas cuando Andrew fue a abrazar a su hermana con alegría. Se vio obligado a sonreír un poco mientras abría la puerta principal. No le duró mucho la alegría por la visión de ambos hermanos esperanzados, pues en la puerta le esperaban cuatro guardias del castillo, tres de ellos su antigua guardia, los otros tres carceleros que estaban la semana de la muerte de Fausto. Fabio no lo dudó, sacó su espada y se batió con el que estaba más cerca de él, que se disponía a atacarle de frente y con la espada en lo alto. Fabio detuvo la embestida y de un cambio de sentido fue a atacar su costado, pero por otro lado le atacaba otro de los guardias y tuvo que bloquear. Seguidamente, en un movimiento rápido, le cortó la mano haciendo que no pudiera sujetar el arma, acompañado de un grito de dolor. Cayó de espaldas y se quedó mirando la mano cortada. Horrorizados, sus tres compañeros retrocedieron un poco, pero siguieron atacando. Bloqueó a otro, pero sin advertir que su compañero atacaba también. Ágilmente, se agachó y la espada del segundo que atacaría se enterró involuntariamente en el costado su compañero, haciendo que empezara a sangrar y provocando que cayera al suelo, agarrándose la herida con ambas manos como si así pudiera parar la hemorragia. Los dos que quedaban intentaron retroceder, pero Fabio cogió la espada de uno de los caídos del suelo y las enterró en sus estómagos a la vez, sin darles tiempo a defenderse. Ambos cayeron al suelo de espaldas, el asesino reconoció al que más confianza tenía en la cárcel, el que hablaba en voz alta para que los encarcelados pudieran oírle. Había pagado por su atrevimiento.
-Fabio...-oyó el asesino a sus espaldas
Se giró y vio dos rostros asustados que le miraban con incomprensión. Los dos guardias que solo tenían heridas rieron y uno de ellos dijo:
-¿Qué, pensáis matarlos a ellos también? Vuestra crueldad no tiene límites...
Fabio se acercó y le dio una patada en la herida del costado, era el que había hablado. Seguidamente, y tras mirar de reojo al que se había quedado sin mano, se acercó a los dos chicos que le miraban con temor y se arrodilló ante ellos sobre una sola pierna.
-Mirad...-empezó-no soy una buena persona.
-¿Cómo que no lo sois?-dijo Andrew sin comprender-¡Ibais a ayudarnos!
-Quiero ayudaros-dijo él-. Me siento mal por lo que os he hecho. Pero al fin y al cabo, soy un asesino. Mato, robo, engaño a la gente. Es mi trabajo. Me he escapado de la cárcel.
Andrew siguió mirando con expresión de temor, pero Cora, tranquilamente, se acercó a él aun en camisón y le miró a los ojos.
-Sé que no eres una mala persona, entonces. Lo haces porque debes, ¿no es así?
Fabio no dijo nada, pero la chica asintió y le indicó a su hermano que entrara en la casa para seguir preparando las cosas. Ella misma decidió que se irían con el chico asesino fuera lo que fuera. Fabio se levantó, desconcertado en la seguridad de la niña en afirmar que él no era una mala persona después incluso de ver como hacía daño a cuatro guardias de la capital. Miró al cielo, pensó que ella en el fondo había visto su lado de sentimientos, el que él había enterrado hace mucho. Suspirando ató al guardia que quedaba vivo junto a sus compañeros y los metió en la carreta tirada por dos caballos en la que habían venido, e hizo correr a los caballos haciendo que se alejaran de allí, lo más lejos posible. Debía salvar a aquellos niños, y luego seguir con lo que tenía que hacer. Vengarse.

Que vida tan perra XD

Ahora que lo pienso, hoy es domingo. Aparte del cambio de hora y blablabla hoy es un día especial. ¡El cumpleaños de TopicOff! Mi forito TOT. Ya un año juntos, desde que lo creamos a base de aburrimiento y llenándolo a base de... de aburrimiento, también XD. Pero bueno, aunque exista para el ocio y se tenga que trabajar en él como he trabajado hasta ahora yo lo quiero xD. Casi tanto como quiero a todos los usuarios que se pasan por allí, al fin y al cabo TO es una de las razones de que la familia cibernética se haya estrechado tanto. Bueno, demás parafernalia sentimentaloide me la dejaré para el topic de felicitación XD.

http://topicoff.foros.ws/

En fin, dejando esto de lado y re-comunicando que esta entrada es puro relleno, vamos con lo que nos ocupa. Esto:



@-@ Maravilloso XDD. No se por que me ha viciado tanto. Tanto que me escribí los subs.

Si no quieres ir al infierno
Haz el baile virginal
Si no te quieres quedar embarazada
Haz el baile virginal
Si tu novio te pide que se la chupes
Haz el baile virginal
*azote* *O*
Si no quieres convertirte en una de las SNSD
Haz el baile virginal
¡PUT*S! ^O^
La que me vende el pan es...
¡PUT*! : D
Y mi profe de mates
¡PUT*! : D
Incluso mi amiga la del prostíbulo
¡Qué qué qué
put*s son!
Si no quieres que tu padre
te azote el culo ToT
Si no te quieres quedar preñada de un albañil
¡HAZ EL BAILE VIRGINAL!
¡PUT*!


XDDDDD. En fin. Keroro también es genial, la tropa de las ranuchas siempre me ha gustado.


Y ya se ha descubierto a la _put* en directo, vaya sorpresa. Cuando le dije a sato, "oye, esta se parece a la _put*" (el icon) sin tener ni idea de que era esta otra, y luego me fijé.. y era la misma y tal y cual pascual xD.




En fin, creo que nada mas que decir. Ah, si xD


XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD. Se hará con todas. Ains xD.

Que entrada mas larga owo

Fabio's Chronicles 1

Bueno, un nuevo fic que me ha dado por escribir, emulando un poco al prota de Assassins Creed, un juego que mola xD. Estaba inspirado, pero necesitaré mas conocimientos y enchufes a peliculas en torno a la edad media para ver como sigo, aunque ya tengo varias ideas xD. Y, por supuesto, clases de latín. A saber si ese traductor me estará diciendo las cosas bien XD.

_________________________

Fabio's Chronicles 1: Los asesinos


El frío se contenía en aquella cárcel dadas sus paredes de piedra y su localización en el globo, hecha especialmente para los peores asesinos que habían aterrorizado el mundo. Mataron a sangre fría, se deshicieron de los cuerpos y continuaban asesinando. Más y más. Y lo peor: nunca lo negaron, reconocieron hacer todo aquello y sólo cuando fueron capturados desvelaron todos sus crímenes, pero no el motivo de haberlos realizado. Se llegó a sospechar que los diez a los que habían encerrado eran una especie de organización secreta que mataba por sus propios intereses. Pero nunca conocieron esos intereses, ni siquiera indicios de la existencia de tal organización, y mucho menos sus verdaderas razones. Fue por ello que se les encerró y se llamó a la cárcel Carcer Carnifex, en latín, la cárcel de los asesinos. Carcer Carnifex se dividía diez habitaciones o celdas, pequeñas y franqueadas en la entrada por gruesos y resistentes barrotes de puro hierro, que se extendían a lo largo de un oscuro pasillo de piedra. Encima de cada celda había una pequeña placa con un erosionado número romano, numerando cada una de las celdas. El ocupante de la celda número uno, un asesino que se hizo llamar Fausto, había fallecido unas noches antes, incapaz de resistir más debido a su avanzada edad a pesar de ser bastante joven. Un carcelero se ocupó de comunicárselo a los otros nueve con sorna, y aunque no hubo respuesta alguna de ninguno, la ira empezó a aflorar en el interior de cada uno de ellos. Y es que las condiciones en las que los mantenían en aquella prisión no eran precisamente buenas, pero así habían decidido que tenían que pagar por sus crímenes. Encadenados a una pared de pies y manos, nunca podrían liberarse y jamás los moverían, haciendo que con el paso del tiempo sus músculos apenas respondieran. No podían siquiera hacer sus necesidades, y la comida se basaba en un pedazo de pan que les metían en la boca, acompañado de un chorro de agua. Dos veces al día, lo justo para no morir, teniendo en cuenta la resistencia de aquellos diez, ahora nueve, hombres.
El día siguiente a la muerte de Fausto el cielo se tornó rojo al atardecer. Carcer Carnifex se encontraba en una de las zonas de taiga próximas a la zona más norte de este mundo, perdida entre la inmensidad de tan bello paisaje. La cárcel rompía un poco con la armonía y el ambiente frío del lugar: una estructura gris y triste que se alzaba entre la vegetación de coníferas. No era muy alta, pues parte de su interior se refugiaba bajo tierra para intentar aislar los vientos gélidos que azotaban la zona en invierno. Los guardianes de aquella prisión solían ser cuatro, que se renovaban cada semana para que el clima no afectara a su salud. Aquella tarde llegarían en carreta los cuatro suplentes, los que había ahora se marcharían con el cuerpo de Fausto para llevarlo a la capital. Uno de los guardias actuales, el que se había mofado de que el número uno de sus prisioneros se hubiera muerto, tenía especial interés por marcharse del lugar, ya que el aura asesina de los nueve asesinos restantes le martillaba la mente cada vez que paseaba por el pasillo mientras vigilaba. Ahora se encontraba en el pasillo que daba a las diez celdas, hablando entre susurros con los otros tres guardias.
-Cargaremos el cuerpo de ese malnacido en la carreta y nos iremos de aquí, esto empieza a incomodarme.
-Sus miradas son más frías que nunca-atajó otro, el más enclenque de los cuatro-. No dicen palabra, pero sus miradas lo expresan todo. Si pudieran nos habrían asesinado con todas sus ganas, con todo su odio.
-No seáis cobardes, caballeros-dijo otro, girado hacia la zona de las celdas mientras hablaba en un tono normal con los demás-. Esos asesinos no tienen nada que hacer, la prisión está hecha para que vayan muriendo uno a uno, como hicieron morir a los nuestros. Ya ha caído el primero, espero que no tarden en caer los demás.
Los otros tres le miraron con expresión cargada de temor, admiraban que se atreviera a hablar en voz alta cuando los nueve sangrientos asesinos podían oírle. Todos sabían que estaban a salvo al estar ellos en aquellas condiciones, pero no podían evitar sentir miedo. Aquella prisión había sido creada para los asesinos, para hacerles pagar por sus actos, para que murieran lenta y desgraciadamente, acompañados por el frío. El frío que ellos mismos hacían sentir con su presencia, un aura helada, imponente y a la vez ágil que se sentía cuando se aproximaban a ellos. Nadie sabía como habían podido capturarlos, pero todos se alegraban de ello.
-Llega su hora de comer antes de nuestra ida-añadió el último de ellos-.
Los demás asintieron y accedieron con paso firme por el pequeño pasillo hasta el más amplio, el que reunía en fila las diez celdas. La luz de dos antorchas colocadas a ambas esquinas de la entrada al pasillo era lo único que iluminaba débilmente los habitáculos, con especial intensidad la celda del número cinco, la primera que se encontraba solo con entrar al pasillo. Aquel asesino tenía el pelo castaño oscuro, al igual que sus ojos, aunque no se le solía distinguir ya que el pelo le caía sobre su cara ocultando sus facciones angulosas y sus pequeños rastros dispersos de vello facial que se llegaban a entrever. Era el mediano de los prisioneros, German, que según suponían sus carceleros se acercaba a los treinta años pero no debía tener más de esa edad. Era el que parecía el más tranquilo, pero aun así se sentía aquella presencia asesina y fría.
La comida se guardaba en un pequeño baúl, se traía nuevos panes cada semana y ese día, domingo, lo único que quedaba eran trozos de pan duro y seco no demasiado comestible. A los carceleros eso les daba igual, porque el pan era la comida de los prisioneros y no de ellos, que tenían una despensa llena de reservas para su disfrute propio. Cada uno de los carceleros cogió varios trozos generosos de aquel pan viejo y una jarra de agua, y se acercaron a las celdas. Todos tenían las llaves de cada una de las celdas, así que se repartieron el trabajo. Uno fue hacia la celda dos y tres; otro, hacia la cuatro, cinco y seis, el siguiente hacia la siete y ocho y el último, el que había comunicado la muerte del número uno y más cobarde que todos a pesar de ocultarse tras una fachada de dureza, se dirigió a las celdas de los más jóvenes: nueve y diez. Ambos asesinos debían rondar la misma edad, unos veinte años aproximadamente. El número nueve tenía el pelo corto y negro, ojos profundos y serios, y el número diez era el más extraño, estaba rapado al cero y sus ojos eran azules. El número nueve se llamaba Fabio, y el décimo, Marcos.
-Eh-llamó la atención el guardia a Marcos, abriendo su celda en un chirrido metálico y quejumbroso-.
El chico levantó la mirada y miró fijamente a su carcelero. Sus ojos azules se clavaron en él con odio, por lo que el carcelero fue tentado a retroceder un paso, pero no quería indicar debilidad ante el más joven de ellos. El cobarde carcelero se acercó con paso decidido a aquel chico, como tantas otras veces había hecho. A cada paso que daba le pareció que el ambiente se volvía más frío, sensación que ya había experimentado otras veces y que aún no había logrado superar la sensación que le suponía: miedo. Sacó toda la valentía que pudo y propinó un puñetazo en la barriga del joven asesino, por encima de la mugrienta túnica gris que le cubría, haciendo que obedientemente abriera la boca para que él pudiera darle el alimento del día. Masticó a duras penas debido a la dureza del pan y se ayudó a tragar con el agua que presurosamente el carcelero vertió en su boca, haciendo que un poco se resbalara entre las comisuras de sus labios. Sin dejar de notar como sus ojos asesinos se clavaban en él, el guardia salió de la estancia rápidamente, cerrando la puerta hecha con los firmes barrotes de hierro. Seguidamente se dirigió a la otra celda, la que más le costaba. El chico asesino que estaba recluida en ella seguía siendo más joven que él, pero a diferencia del otro, su aura asesina era mucho más fuerte e intimidaba mucho más. Solo cuando entró, la mirada del asesino se clavó en la suya, esta vez mucho más potente que la de el décimo recluido, y finalmente el carcelero dio un paso atrás, arrepintiéndose de mostrar su debilidad. Por primera vez el carcelero vio que uno de los prisioneros mostraba alguna emoción, éste parecía sonreír. Sacando más coraje del que tenía, se aproximó encolerizado y le dijo:
-¿De qué te ríes, eh? ¡Más me reiré yo cuando estéis bajo tierra!
La sonrisa se borró de la cara del muchacho, y por dentro volvió a recorrerle la ira que había resurgido, apagada desde el primer día que fueron encarcelados aquí, por la muerte de Fausto y por la información burlesca que había proporcionado aquel guardia al respecto. Cuando el guardia, decidido, fue a meterle el pan seco en la boca, el chico lo rechazó escupiéndoselo a la cara. El guardia, claramente enfadado, fue a estrellarle la jarra de agua en la cabeza, pero no previó que el pie del asesino se había soltado de sus ataduras por fin y se dirigía en una veloz patada que le golpeó en el costado y lo tiró contra la pared. Más enfadado aun, el guardia sacó su espada y fue a arremeter contra el joven, pero sorprendido vio como sus manos se escurrían de entre los grilletes que le sujetaban los brazos en lo alto, dejando sus manos libres. Con un tirón, logró romper la cadena que le sujetaba el pie, y por fin fue libre, cayendo de la pared que estaba atado al suelo y aterrizando de cuclillas. Alarmado, el guardia gritó, pero no le dio tiempo a nada más, pues el ágil asesino le arrebató la espada y le rebanó la cabeza de un movimiento rápido, manchando el suelo de sangre. El asesino se acercó a su cuerpo inerte y le arrebató la capucha gris que llevaba el guardia por encima de sus otros múltiples abrigos. Se pasó el gorro de la prenda por encima de la cabeza, cogió el cinto con la vaina y se lo ajustó a su delgada cintura, enfundando la espada. Seguidamente, cerró la celda mientras los otros carceleros parecían seguir con la alimentación de los prisioneros, sin siquiera advertir en los gritos del guardia.
-Je...-susurró Fabio, mientras seguía por el pasillo que se alejaba de las celdas
-¡Oye!-surgió una voz a su espalda, lo que hizo que sin darse la vuelta se llevase las manos al mango de la espada, preparándose-¿Ya has terminado?
Él solo asintió de espaldas y su interrogador pareció darse por satisfecho, dejando que avanzara por el pasillo con rapidez, escapando de aquella prisión lo más rápido que podía. El pasillo era más largo de lo que parecía, y ya se escuchaban gritos de asombro del pasillo de las celdas: habían descubierto lo que había hecho. Rápidamente, los tres guardias restantes se encaminaron tras él , pero Fabio encontró la salida, había que subir unas escaleras empedradas para acceder a ella. Las subió de tres en tres dadas sus largas y rápidas piernas, y se abalanzó sobre la puerta saliendo al frío exterior. Allí vio algo que no esperaba: había llegado la carreta, tirada por dos caballos, que traía a la nueva guardia para aquella semana. Él no dijo nada, y con sorprendente agilidad se deslizó junto a ella para alejarse de allí, pero una mano lo detuvo agarrándolo por el brazo.
-¡Espere!-le dijo el nuevo carcelero, mientras lo seguía agarrando-¿Ya os vais? ¿Y vuestros compañeros? ¿y el cuerpo? ¿no ibais a usar esta carreta?
El asesino lo miró con sus profundos ojos negros, con odio, y desenfundó su espada mientras se disponía a despegar sus labios para hablar tras mucho tiempo.
-Preguntas demasiado.
Enterró la punta de la espada en su corazón, sin dejarle pronunciar ni una pregunta más. El rojo atardecer empezaba a volverse oscuro, la noche se aproximaba. Fabio miró al cielo y se alejó de allí, pero de pronto los otros tres carceleros le bloquearon el paso, blandiendo sus espadas, impidiéndole avanzar por el bosque de coníferas. El joven asesino, suspirando, les arrebató con su espada las suyas de las manos, dejándolos desprotegidos. Mató al que todavía quería impedirle el avance, y dejó a los otros atrás, intimidados por su habilidad para asesinar.
-¡No llegaréis muy lejos!-dijo uno, temeroso de que se diera la vuelta para matarlo-¡Daremos aviso al rey de estas tierras! ¡Irá tras vos!
Fabio ignoró sus palabras y enfundó su espada, llena de sangre. Corrió con agilidad y sigilo entre las coníferas, mientras la noche se cernía sobre él como un manto oscuro y luminoso a la vez, que lo ocultó entre las sombras perdiéndose de la vista de los guardias. De pronto surgieron los otros tres de dentro de la fortaleza, que observaron horrorizados como también habían matado a uno de los nuevos guardias. El que unos minutos antes había hablado con seguridad, se adelantó a hablar con los nuevos, observando el cadáver de su compañero.
-Ha huido, supongo-dijo
-Nos desarmó y se internó en la oscuridad-le respondió uno-. A estas horas será imposible darle alcance.
-Mañana nosotros iremos a dar aviso al rey-añadió-. Os tendréis que quedar aquí con los restantes.
-¿Sólo ha escapado él?-preguntó otro de los nuevos guardias-.
El guardia de la voz cantante suspiró, alzando la vista al cielo. Negó con la cabeza.
-Dios se apiade de las próximas víctimas, y de nosotros, no debían escapar.

I'm...

I\
Datos
Nombre: Adrián
Mote: Adri
Edad: 15
Sexo: Masculino

Contacto
adri_xdx@hotmail.es
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Tuenti: Adrián González González
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